El blog de La Afectoría

El arte de fabricar cuidados

16 Dic, 2024

Escrito por Germain Ramón

 

Si coincides conmigo en que en la actualidad la velocidad nos atropella y donde podemos pagamos con la moneda de la desconexión, detenernos a reflexionar sobre cómo cuidamos y nos dejamos cuidar se vuelve un acto revolucionario. No hablo solo de cuidados palpables, como preparar una comida o escuchar a un amigo, sino también de ese tejido invisible de afectos que sostiene nuestras relaciones, nuestras comunidades y nuestra capacidad de resistir ante un sistema que prioriza la producción sobre el bienestar.

 

El cuidado: una necesidad política y emocional

Normalmente pensamos en el cuidado como algo “privado”, algo que nos reservamos para casa, para lo íntimo o como una responsabilidad individual. Sin embargo, el cuidado también es una cuestión política. Las decisiones económicas y sociales dan forma a las condiciones en las que cuidamos y somos cuidados. Las mujeres, por ejemplo, siguen asumiendo gran parte de estas tareas en un mundo que no las reconoce ni remunera adecuadamente. Al mismo tiempo, esta desigualdad afecta cómo los hombres somos socializados para alejarnos del cuidado emocional, creando una fractura en nuestra capacidad colectiva para conectar y llevándonos a interpretar, que el acto de cuidar, puede resultar desgastante y hasta repudiable.

Reconocer que el cuidado es un acto político implica también cuestionar las estructuras que nos desconectan. ¿Cómo podríamos redistribuir el cuidado, no solo entre géneros, sino también entre comunidades? En este reto, los afectos también juegan un rol indispensable. Son la energía que nos moviliza, que da sentido a las acciones del día a día, pero también son el espacio donde se reflejan nuestras heridas y contradicciones.

 

Del individualismo a lo colectivo: construir red afectiva

La idea de que cada persona debe enfrentar sola sus dificultades es uno de los mitos más dañinos del individualismo liberal. En realidad, nuestras emociones y cuidados son inseparables de nuestras relaciones. Es aquí donde entra la importancia de reimaginar el cuidado como algo colectivo, como un acto compartido y sostenido por todes.

Esto no significa que tengamos que renunciar a nuestra individualidad. Se trata de encontrar el equilibrio entre nuestras necesidades personales y las de nuestra comunidad, entendiendo que el bienestar de uno influye en el bienestar del todes. Desde pequeños gestos, como respetar el espacio emocional del otro, hasta acciones que abarquen más, como participar en iniciativas comunitarias de apoyo, cada paso cuenta para construir una sociedad más solidaria y afectiva.

 

Presentamos Cuidalogía: El blog de La Afectoría

Con esta reflexión nace Cuidalogía, el blog de La Afectoría, un espacio escrito donde queremos invitarte a profundizar en estas preguntas y escudriñar sobre todo lo relacionado con nuestras prácticas de amor y cuidado. Esperamos que esto sea un rincón para explorar juntas la ciencia, la emoción y la política del cuidado, desde lo más cotidiano hasta lo colectivo.

Queremos que este blog sea tanto una fuente de inspiración como un espejo donde puedas reconocerte. Pero también queremos escuchar tu voz. Si tienes una historia, una idea o una práctica que creas que puede nutrir esta comunidad, éste es tu lugar. Escríbenos, comparte, colabora. Juntas, podemos imaginar y construir nuevas formas de habitar el mundo desde el cuidado y el afecto.

¡Bienvenido a Cuidalogía! Un espacio donde los afectos cuentan, las redes toman forma y el cuidado se transforma en nuestra fuerza colectiva.

Germain Ramón

Co-director de La Afectoría. Divulgador y asesor sobre relaciones disidentes y crianza respetuosa con perspectiva feminista.

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